¿Quién es Jose Luis Coy?
Me presentaré.
Soy Jose Luis Coy, nacido en Barcelona el 14 de noviembre de 1965 y vecino de Blanes desde hace más de 35 años.
Si hay algo a destacar que me ha acompañado durante toda la vida es la fortuna de estar rodeado de gente querida, de grandes amistades que conservo desde la niñez y que han pasado a convertirse en parte de mi familia.
Día a día esa familia ha ido creciendo sin parar y la conforman las personalidades más dispares procedentes de diversos ámbitos: compañeros de instituto con los que compartí mi adolescencia y siguen ahí después de más de cuatro décadas, amigos y amigas con los que mantuve una relación laboral tras 36 años de trabajo ininterrumpido en Correos y 4 más en el Instituto Nacional de la Seguridad Social, antiguos compañeros de Cruz Roja, montañeros, rugbiers, moteros y peregrinos, dibujantes y escritores.
No hay mayor placer que disfrutar de una buena tertulia con todos ellos alrededor de una buena mesa tras pasar la mañana entre fogones preparando un arroz para compartir.
Decía el prólogo de un libro que me regalaron hace años: "Cocinar es amar, nunca se guisó para un enemigo" y no puedo estar más de acuerdo.
En los últimos años se han sumado a ese elenco decenas de lectores que pasan a saludarme en ferias y presentaciones cuando la distancia se lo permite.
Hasta la fecha son ya más de mil quinientos lectores los que avalan mi trabajo.
Mil gracias a todos.
¿Cómo empezó todo?
En ocasiones me han preguntado por los motivos que me llevaron a escribir mi primera novela.
He de decir que estuve madurando la idea durante cinco largos años antes de escribir las primeras líneas de Campus Stellae.
Todo empezó en el año 2011 cuando decidí emprender la ruta jacobea en compañía de mis tres hijos: Alex, Denis y Alba con 15, 14 y 12 años respectivamente, un recorrido de 800 km a pié con una preparación previa de apenas unos meses en los que aprovechábamos cualquier ocasión para salir a caminar.
La casualidad hizo que ese mismo año se celebrase el 800 aniversario de la consagración de la catedral compostelana, algo que descubrí en pleno camino y que provocó que mi imaginación se desbordara por el paralelismo entre esos 800 km y esos 800 años.
La idea que me vino a la cabeza fue:
Qué pasaría si por cada km recorrido retrocedieras un año en la historia.
La respuesta evidente era que, si nada lo impedía, llegarías a los pies de la catedral en el año 1211 para asistir de primera mano al acto de consagración del templo y tendrías que atravesar 8 siglos retrocediendo en el tiempo y superando guerras, epidemias e incluso los momentos más oscuros de la Inquisición.
Esa idea inicial dió paso a un proceso de documentación para conocer la situación socioeconómica de cada pueblo integrado en el Camino Francés en la época en que el peregrino recorrería sus vías y, una vez recopilada esa información, abrí mi primera libreta en blanco para iniciar ese rocambolesco viaje en el tiempo que titulé Campus Stellae.
Si eres un apasionado del camino, esta historia te cautivará.
Mi segunda novela
Morir en Santiago.
Un trhiller ambientado en la mágica ciudad compostelana.
Morir en Santiago nace de la necesidad de reencontrarme con los personajes principales de Campus Stellae a los que empecé a echar de menos desde el mismo momento en que acabé mi primera novela.
El feedback recibido de los lectores me animó a revivirlos y trasladarlos nuevamente a la capital compostelana para sumergirlos en una historia de intriga que gira en torno al robo de los restos del Apóstol Santiago en la cripta de la catedral.
Aunque podría considerarse una secuela de Campus Stellae, ambas historias son autoconcluyentes y pueden leerse de forma independiente.
Para los amantes del arte
Suzanne
Suzanne supone un cambio de registro condicionado en gran medida por mi afición a la pintura.
Durante más de dos décadas dediqué una buena parte de mi tiempo al dibujo ilustrativo realizando diversas exposiciones individuales y colectivas.
Hace unos años tuve la oportunidad de viajar a París y visitar el museo Orsay que, para mi sorpresa, ofrecía esos días una muestra monográfica de la obra de Henry de Toulouse-Lautrec, el icónico cartelista que con apenas unos trazos había sido capaz de plasmar la esencia de la capital francesa como ningún otro.
La siguiente parada obligada era el barrio de Montmartre y el museo ubicado en la calle Cortot donde con toda probabilidad encontraría más obras del artista.
En el primer piso del edificio me adentré en un reducido atelier, en el que una empleada del museo me indicó que allí había vivido Suzanne Valadon, un nombre hasta entonces desconocido para mí.
Ante la incertidumbre que mostré, mi interlocutora me aclaró que Suzanne había sido modelo y amante de Toulouse-Lautrec y que fue una mujer transgresora que luchó toda su vida por abrirse camino en el controvertido mundo del arte.
Empecé a investigar sobre su vida y me pareció un personaje apasionante relegado al olvido durante muchos años por el simple hecho de ser mujer.
En ésta, mi tercera novela, quiero reivindicar la figura de Suzanne, un ejemplo de superación en una época en la que una cuestión de género era suficiente para impedir que muchas artistas llegaran a cumplir sus sueños.
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Suzanne
